Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando entradas de febrero, 2016

La Feria.

Abrí la puerta para salir al jardín, y sin yo saberlo aquel dieciséis de Agosto de mil novecientos cincuenta y uno, era ya una persona distinta. Lo que sí sabía era que no estaba bien. Mi talante alegre y atolondrado de adolescente andaba por ahí perdido. Notaba el estómago encogido, y también el corazón. Debía tener ojeras pensé, porque había dormido mal aquella noche. Allí estaba ya mi madre esperando, sentada a la mesa puesta impecable para el desayuno. Ella igual de impecable que la mesa, con su elegante pero austero vestido, y su algo anticuado moño del que no se escapaba un solo cabello. Seria. Siempre estaba seria . Buenos días hija. ¿Qué tal has dormido? Bien mamá, gracias. ¿Tú? Mi pregunta no era retórica, de verdad quería saber si había dormido bien o tan mal como yo. Fuera como fuere, ella me dijo que bien. Yo mentí, ella imposible saberlo.

Apenas me había sentado a la mesa cuando salió mi padre al jardín. El estómago se me encogió tanto como si me hubieran hecho un nudo. …